Uno de los clásicos con los que reconozco que más he disfrutado el proceso de la lectura es Oscar Wilde. Sus poemas, sus cuentos, sus obras teatrales, y una novela tan maravillosa como El retrato de Dorian Gray están entre mis obras preferidas de todas las que he leído. Y lo último que he leído ha sido Salomé, pieza teatral más bien breve, pero auténtica obra maestra, en mi opinión. Coincidiendo, además, con la escucha atenta de la adaptación de la obra que en su día musicara el gran Richard Strauss, y que hace más que justicia al texto de Wilde.
Salomé, el tema de Salomé, tema eterno de variaciones infinitas, aparece también en el arte en piezas que son también justamente consideradas obras maestras, como las que pueden ver encabezando la entrada. Y no puedo dejar de pensar en el libro de Camille Paglia, Sexual Personae, donde no sólo Oscar Wilde es protagonista de algunas de sus más bellas páginas, sino que muchas de las intuiciones de la polémica ensayista norteamericana bien podrían servir como hilo conductor para un comentario de la obra de Wilde.
Quisiéramos escribir algo sobre todo esto. Salomé, la femme fatale; Salomé, la Venus ctónica; Salomé, avatar de la dialéctica del deseo. De momento, es un desideratum. Más adelante, veremos.
Salomé, el tema de Salomé, tema eterno de variaciones infinitas, aparece también en el arte en piezas que son también justamente consideradas obras maestras, como las que pueden ver encabezando la entrada. Y no puedo dejar de pensar en el libro de Camille Paglia, Sexual Personae, donde no sólo Oscar Wilde es protagonista de algunas de sus más bellas páginas, sino que muchas de las intuiciones de la polémica ensayista norteamericana bien podrían servir como hilo conductor para un comentario de la obra de Wilde.
Quisiéramos escribir algo sobre todo esto. Salomé, la femme fatale; Salomé, la Venus ctónica; Salomé, avatar de la dialéctica del deseo. De momento, es un desideratum. Más adelante, veremos.
Imágenes: diferentes visiones de Salomé a cargo de Gustave Moreau, Franz von Stuck, Aubrey Beardsley y Gustav Klimt. Todas las imágenes en Dominio Público. Fuente: Wikimedia Commons.














8 comentarios:
Una cosa que me gusto muchisimo de esta obra es su tono poetico, en especial el catalogo de cosas que Herodes ofrece a Salome en lugar de la cabeza de Juan, y los insultos que el bautista le prodiga.
En las peliculas sobre el tema, el director no puede, por lo general, dejar de incluir una ultima visita de Jesus a su bautista, que de seguro no ocurrio.
Saludos
Sí, supongo que, entre otras cosas, por eso se prestó tan bien a una adaptación musical.
Saludos.
Rafael Ontopop, un placer conocerte.
Nada, que ayer estabas entre libros y no me despedí.
Y publica lo que me enseñaste, hombre.
Un saludo!
Enriqueta, el placer es mío. No te preocupes, el despiste fue mío... De hecho, se me "escapó" bastante gente después de la charla... Ah, y lo que te enseñé está publicado: http://lajudith.blogspot.com . Son cosas de la judith...
En cuanto a entradas no hay muchas novedades últimamente en el blog, pero en lo que se refiere a cambios de plantillas de fondo, ufff. Con entradas o sin ellas, es una gozada pasarse siempre por aquí, porque novedades haberlas haylas a tutiplén.
shalom
Y espera, que ésta todavía está sin "tunear"... ¿Cuál es el sentido de un blog, si no es el de intentar atentados estéticos cada vez más chiripifláuticos? :P
Shalom
Es que tu proteicidad me deja en evidencia. En mi blog prima el inmovilismo y la vagancia (ya sabes en qué consiste mi ética de trabajo), no se multiplican las plantillas como si fueran peces y panes bíblicos.
Lo de rediseñar plantillas es como hacer esculturas de arena; hasta ahora no se me ha ocurrido hacer copias de seguridad del código de los diseños, así que todas duermen ya el sueño de los justos, y ni la caché de google se acuerda de ellas... Al no haber tentación -ni posibilidad- de recuperarlas, sólo queda hacer de nuevas. O no.
Publicar un comentario en la entrada